Regímenes totalitarios tiemblan. “ La Revolución de los jazmines” comenzó en Túnez con la exigencia de la dimisión de Ben Alí, dictador del país durante 30 años. NO ha concluido. Aún el país está desestabilizado pero ha sido el principio.
Yemen y Egipto están siguiendo los talones para dirimir tanta autocracia y oligarquía que tienen a dichos pueblos sumidos en una diferencia de clases atroz.
La democracia está llamando a la puerta de esos países y detrás de ello y con el apoyo mun-dial, gracias a las redes sociales que no se pararán, se conseguirá erradicar pautas totalitarias que van en contra de una digna vida a hombres y mujeres.
Si hasta ahora, algunos periodistas, podían falsear información por mor de los periódicos a los que representaban, que los ataban de manos para decir la verdad, ya no se puede esconder, porque las redes sociales tienen mucho que decir y en tiempo real.
¿Es por eso que salen leyes ( Sinde) contra la posibilidad de la libertad de expresión? ¿Podemos tolerar que lleguemos a eso, cuando se ha conseguido tanto?
Pueden argüir que internet es un medio para que el terrorismo se desarrolle impunemente, pero quién y para qué se propició dicho terrorismo. Mucha tela que cortar ahí.
Quién potencia ideas trasnochadas que no están directamente recogidas en libros sagrados y manipulan a personas incautas para que entiendan lo que dictadores quieren hacer creer, para potenciar el miedo y el terror?. ¿Quién nos tiene que salvar de esa ignominia?. ¿ Más armas?. ¿Más control?
Seamos libres de pensamiento y analicemos despacio. Seguramente siendo objetivos descubrimos más cosas de las que nos asombraremos.¿ Nos quieren llevar a unos estados de poder a través del miedo?
Desde este hueco, pretendo compartir los trabajos que realizo. Maria Valle es mi firma para los escritos y Mavalle como firmo mis dibujos y pinturas.
jueves, 27 de enero de 2011
martes, 18 de enero de 2011
AROMAS
Tu olor me provoca un sentir extraño
Me recuerda……..
los recovecos de una noche cálida
Debajo de una parra que solloza.
Y a frutos despiertos desde la madrugada
Tu olor despierta mis instintos
Que inquieta a una fiera que resuella
Como gata de celo poseída
En cualquier día al calor de una luz mansa
Ese olor que exhalas……….
Mezcla de sudor, jazmines y de parras
Con aromas de aceituna madura
Y una pizca de madera de otra patria.
¡Ay! olores de yerbabuenas.
De limones.
De frambuesas .
De juncias y de palmas
Todos ellos mezclados con tu aroma
Para tejer una noche sin escarcha.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
CUENTO DE NAVIDAD
Pedro, como tantos días, desde que cayó en la desgracia, se hallaba cobijado del frío en un recinto del BBVA donde se ubica el cajero automático.
Solía entrar, con su exigua mochila, cuando alguien salía de hacer alguna operación en el cajero.
Se acomodaba en un rincón como podía entre cartones, manta y ese abrigo mugriento que conoció mejores tiempos.
Si entraba alguna persona a hacer alguna operación, el se salía a la calle para no sentir incomodo al cliente del banco.
Esa noche hacía un frío terrible, por lo que esperaba que, siendo nochebuena y a esas horas, nadie le hiciera salir de su “palacio”.
De frío no podía conciliar el sueño.
Pensó, una vez más, en como había caído tan bajo. Lloró! Como cada día, como cada noche. Su arrepentimiento era sincero y daría media vida por no haber llegado hasta la situación que estaba. Se repetía, continuamente, en su mente sumamente acongojado y lleno de dolor.
Era 24 de diciembre, una noche entrañablemente familiar. Pensaba en sus hijos, en la que fuera su mujer y en la familia entera que había perdido por su mal hacer.
Imprevisiblemente entró alguien al cajero; le miró con una sonrisa y le hizo un gesto de que no se moviera, cuando él ya se disponía a levantarse para salir y dejarle hacer tranquilo la operación. Pedro, ante el gesto, se encogió aún más y metió su cara entre sus brazos sentado en aquel rincón. Pensaba para sí, “una buena persona”.
Cuando terminó el señor su operación se volvió y le dijo a Pedro:
-Fría noche para pasarla sólo.
-Así es, comentó Pedro.
-¿Permites que me quede un rato contigo? Yo también estoy sólo. Voy de paso.
-Claro. No es un sitio cómodo ni propio, pero nos haremos compañía. ( dijo Pedro )
-Me llamo Juan.- Dijo el señor- y extendió su mano para presentarse
Al estrechar su mano, Pedro notó un calor especial por todo su cuerpo, Un calor que no llegaba a través de la mano de Juan sino que se expandió como una explosión de dentro hacia afuera. Era como si en el corazón hubiera una caldera encapsulada y al contacto con esa mano, al saludo, la caldera hubiera explosionado, para producir ese calor dulce y suave como jamás había sentido. Se preguntó muchas cosas ante tal efecto. Su mente era un sin fin de pensamientos especulativos sobre, quién sería esa persona y en ese día. ¿Sería un angel? ¿Sería Jesús? Su mente se habia disparado por unos segundos, pero al momento se sintió lúcido y sintiéndose renovado. Hablaba con un igual, esa era la sensación.
Juan dijo que iba de paso. Que no tenía familia allegada y que había cogido el coche sin rumbo. Pensaba ir al hotel que estaba al lado pero había aparcado en la puerta del Banco y había visto que llevaba poco efectivo y necesitaba algo de dinero.
Pedro relató, seguidamente, su estado anímico y el por qué de su desgracia. Se había quedado sólo muy joven, sus padres habían muerto en accidente y el había hecho una carrera con muchas dificultades, trabajando y estudiando. Con una existencia de privaciones. Había conocido a la que luego fuera su esposa y se casaron rápidamente. El se hizo cargo, junto con su esposa, del negocio familiar que esta tenía. Una tienda de artículos de regalo y menaje. Le dijo que tenía dos hijos, con ya 18 y 16 años varón y hembra respectivamente. El tenía ahora 46 años. Siguió contando al “amigo” que cuando se vio con dinero y una existencia cómoda comenzó a dilapidar. Primero el juego y seguidamente bebida y drogas. Hechos estos que le llevaron al divorcio y a esa mala existencia. Ahora, ya arrepentido, su familia no lo admitía y él estaba hundido en una terrible depresión y una culpa inaudita.
Juan le sonrió y le puso una mano en el hombro a Pedro y éste se sintió cómodo con ese gesto y aquella conversación que había tenido con aquella persona a la que acababa de conocer. Sentía una sensación de abrigo y protección fuera de lo común. Sentía como todo sus pensamientos de autoculpabilidad se le habían esfumado. Se sentía perdonado por sí mismo, de todas aquello que, momentos antes, eran lacerantes culpas que le cercenaban el alma y la mente.
En esto, Juan le dijo:
-Pedro, piensa. ¿Que podrías hacer con tus conocimientos actuales si tuvieras dinero?
-Si tuviera dinero, pondría un pequeño negocio de librería o papelería. -Contestó Pedro
Siempre le había gustado leer y estaba acostumbrado a tratar con el público y la gestión comercial la había llevado bien en sus momentos de comerciante.
Juan le dijo entonces:
Pedro, aquí hace frío. Yo iba al hotel de enfrente. Ven, te pago la estancia, cenaremos juntos esta nochebuena. No es bueno estar solo.
Pedro accedió, no podía desaprovechar estar en una estancia caliente esa noche y Juan le daba mucha seguridad. Era como si lo conociera de siempre. Un amigo.
Se acomodaron en el hotel, Pedro se duchó y Juan le dio ropa limpia. Casualmente tenían la misma talla. Fueron a cenar al restaurante del hotel.
Pedro durmió como hacía tiempo no lo hacía y despertó bien entrada la mañana. Se vistió y llamó a la habitación de Juan y no contestó.
Subió a recepción y preguntó por el huésped de la 232. El recepcionista le dijo que se había ido muy de mañana, que había dejado pagado dos meses la habitación 231, donde Pedro se alojaba y había quedado un sobre para él.
Pedro abrió nerviosamente el sobre y leyó la nota.
Pedro:
Te dejo herramientas para tu futuro, constrúyelo tú. Juan
Adjunto había un décimo de lotería. Preguntó al recepcionista, nervioso y emocionado, si tenía el periódico del día 22, donde venía la lista de lotería. Casualmente tenía aún por allí el periódico atrasado y se lo dio. Miró y comprobó que el primer premio coincidía con el décimo. Estaba premiado, era mucho dinero. Las lágrimas se le saltaban a raudales. Subió a su habitación.
Era un milagro. ¿Milagro?.¿ Quién era Juan?
Todo el día de Navidad lo pasó en la habitación haciendo cábalas de que haría con ese dinero y como cambiaría su vida a partir de ese día.
El día 26, con nuevos bríos, gestionó en el Banco el cobro; alquiló un local en una buena zona y comenzó a organizar su nueva vida. La librería-papelería sería un hecho. Llamó a sus hijos y quedó para comer con ellos el día 27 y contarles las buenas nuevas. Era un hombre feliz.
lunes, 6 de diciembre de 2010
RECITAL MUSICO POETICO TRANSFRONTERIZO
Intervendré, junto a otros poetas españoles y portugueses en el siguiente evento:
Recital Poético-musical
en la Eurociudad Elvas/Badajoz
10 de Diciembre de 2010 , a las 20,00 h. en las Casas Consistoriales, Plaza Alta de Badajoz,
21 de Enero de 2011, a las 19,00 h. en la Sala “Publia Hortensia” de la Biblioteca Pública de Elvas,
Intervienen:
Mamen Alegre, Antonia Cerrato, Catarina Cordeiro, Fernando Garduño, Ricardo Grilo, José Guerra, Amalia Mangas, J.M. del Pozo, Paqui Quintana, María Valle, José Mª Campillejo, Ibes Magora.
Organizan:
Asociación para el desarrollo Asociación MIGAS
de la Eurociudad Elvas/Badajoz Miscelánea Integrada Grupos Artisticos y Sociales
Colaboran:
Ayuntamiento de Badajoz Câmara Municipal de Elvas Promúsica
miércoles, 24 de noviembre de 2010
CARTE DE THERESE O UNA CRONICA DEL OLVIDO
Cada día recuerdo a mis padres y mi hermano. Todos murieron. Yo había ido a otro barrio a hacer unos trabajos de la escuela con Claudine. En un momento, a casi las 5 de la tarde, todo se movió. Todo comenzó a caer. La madre de Claudine dijo que era un terremoto y que debíamos salir a la calle. Estábamos las tres muy asustadas y con miedo. Fueron momentos muy extraños, era como si el mundo se acabara. Contínua- mente había réplicas. Las gentes iban y venían locas por las calles saliendo de sus casas y se veían las casas caer. Eran como de papel mojado.
Cuando pasó lo peor, quise ir a mi casa. Quería estar con los míos. Era como caminar por el infierno. Heridos, muertos, cascotes, muros demolidos, todos mezclado. Un caos. Las personas corrían de un lado a otro. Otras personas lloraban agachados y escondien-do sus cabezas en el regazo, como si esa posición garantizara un consuelo. El miedo y la angustia era lo único respirable; eran tan densos que pareciera una amalgama ácida en la garganta que imposibilitaba tragar un poco de saliva.
Cuando llegué a mi barrio vi el desastre, era como todo lo anterior pero para mí era mayor. Eran los míos. Mis vecinos, mi familia; la mayoría muertos y muchos muy heridos. Se veían hasta miembros lejos de los cuerpos. Era el fin del mundo. Y yo allí, sin un rasguño pero muerta por dentro. Mis padres, la abuela y mi hermano estaban bajo los escombros. Imposible que debajo de todo aquello hubiera podido sobrevivir. Sólo pedía por dentro morir yo allí mismo. ¿Qué podría hacer?.
No sabía adonde ir. No podía moverme hacia el pueblo de mis padres buscando a la familia restante que me cobijara. Llorando volví sobre mis pasos a casa de Claudine. Me acogieron. Fui una hija más en aquellos momentos de angustia y desespero. Llegaron otros amigos y parientes. Cada casa ahora era un albergue en el que las paredes parecieran que hubieran dado de sí. Hubo que quitar muebles y adornos para albergar hacinados a tantas personas que necesitaban cobijo. Algo bueno había en todo este caos que no tenía fin, la camaradería y el entendimiento que había entre todos y las ganas de agradar, en la mínima cuestión, a cualquiera. A fin de cuentas, todos éramos víctimas, aunque estuviéramos indemnes físicamente; cada cual tenía el alma desgarrada y repartida por, no se sabía, cuales lugares de la ciudad. Puerto Príncipe era un montón de escombros. La mayoría vivían en casas hechas con plásticos y tablas recogidas en los escombros que hay por doquier.
En los primeros días había mucha confusión. Había carpas y lugares habilitados por el gobierno ante el miedo de replicas. Había colas interminables para adquirir algo de comida cuando la ayuda internacional llegaba. Los médicos no daban abasto y vinieron de todos los países. Parecía que el mundo era solidario con mi pueblo. Llegaban camiones con comida, médicos, ayuda de todo tipo, pero todo eso era muy insuficiente. Éramos muchos.
Se comentaba que los muertos subían de 270.000 y heridos y mutilados graves aún ni se sabía. Un ambulatorio de campaña para tanta gente era muy insuficiente. Seguía siendo el infierno. Eso sí no había fuego, pero demasiado dolor
Pasaban los días y llegaron soldados. Venían a ayudar, pero; ¿a qué? No sé.¿ A prevenir el pillaje?. Claro no se podría “robar”, pero, había algo que robar? O, simplemente, era un acto de supervivencia?. Seguía siendo el infierno.
Hay un infierno de lluvias ininterrumpidas. Si no era bastante el infierno que sufríamos, llegaron las lluvias. Y sin techo la mayoría. Las muertes seguían. Ahora era por infecciones y por las consecuencias de lo anterior. Gentes a la intemperie, sin ropas, sin descanso, sin comida y más. Ahora la lluvia sin parar. Pulmonías e infecciones diversas. Muerte. Ya no hay entierro, hay hoyos donde echar muertos y cal. Infierno.
Pasa el tiempo, 6 meses. Nos llegan enfermedades mortales. El cólera. Ya no llegan hace mucho tiempo ayudas internacionales. Al menos no tanto como necesitamos aún, Claro casi 4 millones de damnificados que están en el infierno. No son nada. Deben pudrirse. Cada día mueren más y más personas. Las gentes siguen sin saber cómo reorganizar su vida. Un hospital en el que, un plástico, separa los enfermos comunes de los enfermos de cólera, no debe ser la asepsia recomendable para que no se propague más la enfermedad.
¿Quien teme al infierno, si aún estoy viva. ¿Lo estoy?
Theresse
Cuando pasó lo peor, quise ir a mi casa. Quería estar con los míos. Era como caminar por el infierno. Heridos, muertos, cascotes, muros demolidos, todos mezclado. Un caos. Las personas corrían de un lado a otro. Otras personas lloraban agachados y escondien-do sus cabezas en el regazo, como si esa posición garantizara un consuelo. El miedo y la angustia era lo único respirable; eran tan densos que pareciera una amalgama ácida en la garganta que imposibilitaba tragar un poco de saliva.
Cuando llegué a mi barrio vi el desastre, era como todo lo anterior pero para mí era mayor. Eran los míos. Mis vecinos, mi familia; la mayoría muertos y muchos muy heridos. Se veían hasta miembros lejos de los cuerpos. Era el fin del mundo. Y yo allí, sin un rasguño pero muerta por dentro. Mis padres, la abuela y mi hermano estaban bajo los escombros. Imposible que debajo de todo aquello hubiera podido sobrevivir. Sólo pedía por dentro morir yo allí mismo. ¿Qué podría hacer?.
No sabía adonde ir. No podía moverme hacia el pueblo de mis padres buscando a la familia restante que me cobijara. Llorando volví sobre mis pasos a casa de Claudine. Me acogieron. Fui una hija más en aquellos momentos de angustia y desespero. Llegaron otros amigos y parientes. Cada casa ahora era un albergue en el que las paredes parecieran que hubieran dado de sí. Hubo que quitar muebles y adornos para albergar hacinados a tantas personas que necesitaban cobijo. Algo bueno había en todo este caos que no tenía fin, la camaradería y el entendimiento que había entre todos y las ganas de agradar, en la mínima cuestión, a cualquiera. A fin de cuentas, todos éramos víctimas, aunque estuviéramos indemnes físicamente; cada cual tenía el alma desgarrada y repartida por, no se sabía, cuales lugares de la ciudad. Puerto Príncipe era un montón de escombros. La mayoría vivían en casas hechas con plásticos y tablas recogidas en los escombros que hay por doquier.
En los primeros días había mucha confusión. Había carpas y lugares habilitados por el gobierno ante el miedo de replicas. Había colas interminables para adquirir algo de comida cuando la ayuda internacional llegaba. Los médicos no daban abasto y vinieron de todos los países. Parecía que el mundo era solidario con mi pueblo. Llegaban camiones con comida, médicos, ayuda de todo tipo, pero todo eso era muy insuficiente. Éramos muchos.
Se comentaba que los muertos subían de 270.000 y heridos y mutilados graves aún ni se sabía. Un ambulatorio de campaña para tanta gente era muy insuficiente. Seguía siendo el infierno. Eso sí no había fuego, pero demasiado dolor
Pasaban los días y llegaron soldados. Venían a ayudar, pero; ¿a qué? No sé.¿ A prevenir el pillaje?. Claro no se podría “robar”, pero, había algo que robar? O, simplemente, era un acto de supervivencia?. Seguía siendo el infierno.
Hay un infierno de lluvias ininterrumpidas. Si no era bastante el infierno que sufríamos, llegaron las lluvias. Y sin techo la mayoría. Las muertes seguían. Ahora era por infecciones y por las consecuencias de lo anterior. Gentes a la intemperie, sin ropas, sin descanso, sin comida y más. Ahora la lluvia sin parar. Pulmonías e infecciones diversas. Muerte. Ya no hay entierro, hay hoyos donde echar muertos y cal. Infierno.
Pasa el tiempo, 6 meses. Nos llegan enfermedades mortales. El cólera. Ya no llegan hace mucho tiempo ayudas internacionales. Al menos no tanto como necesitamos aún, Claro casi 4 millones de damnificados que están en el infierno. No son nada. Deben pudrirse. Cada día mueren más y más personas. Las gentes siguen sin saber cómo reorganizar su vida. Un hospital en el que, un plástico, separa los enfermos comunes de los enfermos de cólera, no debe ser la asepsia recomendable para que no se propague más la enfermedad.
¿Quien teme al infierno, si aún estoy viva. ¿Lo estoy?
Theresse
jueves, 4 de noviembre de 2010
CARTA A Sakineh Ashtiani
Sakineh Ashtiani
Tal vez te hagas, desde el rincón de tu celda, de ese rincón de la muerte tantas, preguntas como estrellas hay en el cielo.
Quizá te preguntes por qué, un día, cometiste adulterio porque no amabas al hombre que, por fuerza, te fue entregado y que tuviste que asumir por tus creencias, también impuestas, por un absurdo pensar desfasado.
Quizás te preguntes si, después de haber sufrido la condena de los latigazos y obligada a confesarte del asesinato de tu aún marido, sin que ello esté demostrado, merezca la pena seguir viviendo, o más bien morir cada minuto con la espera.
Quizás desees que ya todo se acabe. Quizás creas que morir entre piedras lanzadas con odio no es tan malo.
Pero no. Te animo a que tengas fuerzas, porque no todo está perdido. Tal vez seas una mártir, pero no será en vano.
Desde fuera de ese infecto cubículo estamos luchando, no sólo porque no te lapiden, sino porque creemos que no es justo. Que es abominable. Que no tiene razón de ser. Que en el siglo XXI esas cosas no deben estar pasando. Que no sólo tú, sino esas leyes absurdas deben ser abolidas. Ten fuerzas Sakineh, porque si te lapidan, estarán lapidando a cualquier mujer de este planeta que quiera vivir en la libertad que le asiste como ser un humano.
Tal vez te hagas, desde el rincón de tu celda, de ese rincón de la muerte tantas, preguntas como estrellas hay en el cielo.
Quizá te preguntes por qué, un día, cometiste adulterio porque no amabas al hombre que, por fuerza, te fue entregado y que tuviste que asumir por tus creencias, también impuestas, por un absurdo pensar desfasado.
Quizás te preguntes si, después de haber sufrido la condena de los latigazos y obligada a confesarte del asesinato de tu aún marido, sin que ello esté demostrado, merezca la pena seguir viviendo, o más bien morir cada minuto con la espera.
Quizás desees que ya todo se acabe. Quizás creas que morir entre piedras lanzadas con odio no es tan malo.
Pero no. Te animo a que tengas fuerzas, porque no todo está perdido. Tal vez seas una mártir, pero no será en vano.
Desde fuera de ese infecto cubículo estamos luchando, no sólo porque no te lapiden, sino porque creemos que no es justo. Que es abominable. Que no tiene razón de ser. Que en el siglo XXI esas cosas no deben estar pasando. Que no sólo tú, sino esas leyes absurdas deben ser abolidas. Ten fuerzas Sakineh, porque si te lapidan, estarán lapidando a cualquier mujer de este planeta que quiera vivir en la libertad que le asiste como ser un humano.
lunes, 18 de octubre de 2010
EL DESMADRE CONSUMISTA
Se necesitan tres Españas para soportar nuestro ritmo de vida
La población mundial vive más allá de los límites de la Tierra y utiliza el equivalente a 1,5 planetas para cubrir sus necesidades.
Redacción, 14 de octubre de 2010 a las 08:58
La capacidad de carga del planeta es un término que se acuñó a finales de los años 60 para definir el límite de un ecosistema natural para absorber impactos o soportar un determinado uso.
De ella se deriva un indicador de carácter global, la llamada «huella ecológica», esto es, el territorio necesario para producir los recursos que el hombre necesita y para asimilar los residuos que genera. Y las hectáreas necesarias para mantener a un solo español ascienden ya a 5,4.
Explica Araceli Acosta en ABC que estos números no dejarían de ser precisamente eso si no fuera porque la «biocapacidad» (la capacidad de carga y regeneración) de nuestro territorio para abastecernos y para «absorber» nuestros residuos es sólo de 1,6 hectáreas por persona, según los resultados (referidos a 2007) del informe Planeta Vivo, elaborado por WWF, la Red de la Huella Global y la Sociedad Zoológica de Londres.
Por tanto, estamos superando el nivel considerado sostenible porque consumimos más de lo que tenemos. Tanto es así que la población española necesitaría a día de hoy 3,5 Españas para satisfacer la demanda de recursos y para absorber el CO2 emitido.
O lo que es lo mismo: nuestro país consume y contamina tres veces por encima de su «capacidad biológica».
Esto nos sitúa en el puesto número 19 de entre los países con mayor huella ecológica global (se han analizado unos 200 países), pero en cambio estamos en el lugar 71 en cuanto a biocapacidad.
No obstante, como explica Miguel Ángel Valladares, de WWF, «España ha mejorado algo, puesto que en el anterior informe (con datos de 2005) se aupó hasta el puesto 12 entre los de mayor huella ecológica».
Hemos mejorado también en la huella hídrica (demanda de agua que hay detrás de todo lo que consumimos, por ejemplo, 200 litros detrás de un café), pasando del puesto número 10 al 25.
Si nos comparamos con los países de nuestro entorno, España es el séptimo país europeo con mayor déficit ecológico, por detrás de Bélgica, Chipre, Malta, Holanda, Macedonia e Italia.
Más allá de nuestras fronteras, el informe pone de manifiesto la constante tendencia de pérdida de biodiversidad que se mantiene desde los años 70, como recordó Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF.
Así, el Índice Planeta Vivo, que mide la tendencia de la biodiversidad a partir del estudio de 8.000 poblaciones de 2.500 especies, arroja un descenso del 30% en los últimos 40 años, sobre todo en zonas tropicales, mientras nuestra huella en el planeta no para de crecer, un 50% desde 1966.
Sin capacidad regenerativa
En estos momentos el consumo mundial de recursos ha superado tanto la capacidad regenerativa de la Tierra que se necesitan 1,5 años para regenerar los recursos utilizados sólo en el año 2007.
Dicho de otra forma, la población mundial utilizó el equivalente a 1,5 planetas en 2007 para sostener sus actividades. En este sentido, el informe advierte que si se continúa con la actual gestión, la humanidad necesitaría dos planetas en 2030 y casi tres en 2050.
Si en este ránking de huella ecológica España ocupa el puesto 19, el primer puesto es para los Emiratos Árabes Unidos. Como explica Del Olmo, si toda la humanidad viviera como un ciudadano medio de ese país harían falta 4,5 planetas para mantenernos en la actualidad.
En segundo lugar se sitúa Qatar, y le siguen Dinamarca, Bélgica y Estados Unidos. Unos puestos de cabeza que eran previsibles pues los países con mayores ingresos tienen una huella cinco veces mayor que los de bajos ingresos.
Así, por ejemplo, un ciudadano indio cubre sus necesidades con 0,8 hectáreas, frente a las 10 de uno de Qatar o las ocho de un estadounidense.
Uno de los factores que más influye en la presión sobre el planeta es la huella de carbono, por lo que habría que modificar nuestro modelo energético y basarlo en fuentes renovables.
Pero el informe también apunta a que habría que cambiar nuestra dieta alimenticia. Cuanta menos carne y productos lácteos consumamos menos tierra deberemos transformar para ello y la huella ecológica del planeta se reduciría un 35%.
Fuente: http://www.periodistadigital.com/ciencia/medioambiente/2010/10/14/agua-sequia-necesitan-tres-espanas-medio-soportar-nuestro-ritmo-ambiente-vida.shtml
La población mundial vive más allá de los límites de la Tierra y utiliza el equivalente a 1,5 planetas para cubrir sus necesidades.
Redacción, 14 de octubre de 2010 a las 08:58
La capacidad de carga del planeta es un término que se acuñó a finales de los años 60 para definir el límite de un ecosistema natural para absorber impactos o soportar un determinado uso.
De ella se deriva un indicador de carácter global, la llamada «huella ecológica», esto es, el territorio necesario para producir los recursos que el hombre necesita y para asimilar los residuos que genera. Y las hectáreas necesarias para mantener a un solo español ascienden ya a 5,4.
Explica Araceli Acosta en ABC que estos números no dejarían de ser precisamente eso si no fuera porque la «biocapacidad» (la capacidad de carga y regeneración) de nuestro territorio para abastecernos y para «absorber» nuestros residuos es sólo de 1,6 hectáreas por persona, según los resultados (referidos a 2007) del informe Planeta Vivo, elaborado por WWF, la Red de la Huella Global y la Sociedad Zoológica de Londres.
Por tanto, estamos superando el nivel considerado sostenible porque consumimos más de lo que tenemos. Tanto es así que la población española necesitaría a día de hoy 3,5 Españas para satisfacer la demanda de recursos y para absorber el CO2 emitido.
O lo que es lo mismo: nuestro país consume y contamina tres veces por encima de su «capacidad biológica».
Esto nos sitúa en el puesto número 19 de entre los países con mayor huella ecológica global (se han analizado unos 200 países), pero en cambio estamos en el lugar 71 en cuanto a biocapacidad.
No obstante, como explica Miguel Ángel Valladares, de WWF, «España ha mejorado algo, puesto que en el anterior informe (con datos de 2005) se aupó hasta el puesto 12 entre los de mayor huella ecológica».
Hemos mejorado también en la huella hídrica (demanda de agua que hay detrás de todo lo que consumimos, por ejemplo, 200 litros detrás de un café), pasando del puesto número 10 al 25.
Si nos comparamos con los países de nuestro entorno, España es el séptimo país europeo con mayor déficit ecológico, por detrás de Bélgica, Chipre, Malta, Holanda, Macedonia e Italia.
Más allá de nuestras fronteras, el informe pone de manifiesto la constante tendencia de pérdida de biodiversidad que se mantiene desde los años 70, como recordó Juan Carlos del Olmo, secretario general de WWF.
Así, el Índice Planeta Vivo, que mide la tendencia de la biodiversidad a partir del estudio de 8.000 poblaciones de 2.500 especies, arroja un descenso del 30% en los últimos 40 años, sobre todo en zonas tropicales, mientras nuestra huella en el planeta no para de crecer, un 50% desde 1966.
Sin capacidad regenerativa
En estos momentos el consumo mundial de recursos ha superado tanto la capacidad regenerativa de la Tierra que se necesitan 1,5 años para regenerar los recursos utilizados sólo en el año 2007.
Dicho de otra forma, la población mundial utilizó el equivalente a 1,5 planetas en 2007 para sostener sus actividades. En este sentido, el informe advierte que si se continúa con la actual gestión, la humanidad necesitaría dos planetas en 2030 y casi tres en 2050.
Si en este ránking de huella ecológica España ocupa el puesto 19, el primer puesto es para los Emiratos Árabes Unidos. Como explica Del Olmo, si toda la humanidad viviera como un ciudadano medio de ese país harían falta 4,5 planetas para mantenernos en la actualidad.
En segundo lugar se sitúa Qatar, y le siguen Dinamarca, Bélgica y Estados Unidos. Unos puestos de cabeza que eran previsibles pues los países con mayores ingresos tienen una huella cinco veces mayor que los de bajos ingresos.
Así, por ejemplo, un ciudadano indio cubre sus necesidades con 0,8 hectáreas, frente a las 10 de uno de Qatar o las ocho de un estadounidense.
Uno de los factores que más influye en la presión sobre el planeta es la huella de carbono, por lo que habría que modificar nuestro modelo energético y basarlo en fuentes renovables.
Pero el informe también apunta a que habría que cambiar nuestra dieta alimenticia. Cuanta menos carne y productos lácteos consumamos menos tierra deberemos transformar para ello y la huella ecológica del planeta se reduciría un 35%.
Fuente: http://www.periodistadigital.com/ciencia/medioambiente/2010/10/14/agua-sequia-necesitan-tres-espanas-medio-soportar-nuestro-ritmo-ambiente-vida.shtml
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